La "demokracia" que hemos sido

Por escaner-cultural - 28 de Mayo, 2006, 1:13, Categoría: General

Dr. Yván Silén:

La "demokracia" que hemos sido*


                                                       A los amigos que me falta.

Hemos oído y hemos visto demasiadas cosas y demasiados hechos, pero esas "cosas"  vistas y oídas ponen en juicio y atentan contra la "verdad" que somos o que hemos sido. El ser de la "verdad" (la verdad del ser impuesto políticamente) es implacable. Dicha verdad nos ha paradojizado, nos ha ridiculizado y se ha burlado de nosotros. Dicha "verdad" nos ha "especializado", o nos ha hecho malignamente especialistas. Pero una de esas verdades (la verdad más violenta que hemos sido) es ésta: ¡la demokracia es la praxis de las mentiras (sistemáticas)! La demokracia es la fabricadora de las mentiras que hemos sido, que hemos aceptado y que hemos vivido cobardemente.
Nunca antes, en ningún otro sistema político-filosófico, la mentira había sido tan útil y tan fundamental. Nunca antes la mentira había sido la
esencia del ser humano. Esa utilidad y esa fundamentación son perversas, porque la mentira, su propósito, su sentido y su razón de ser, es distorcionar la realidad que nos circunda y que nos habita. La mentira, gracias a su "omnipresencia", se ha convertido en una profesión, en un sistema: la "legalidad" de la demokracia neoliberal. ¡La demokracia como crimen y como genocidio: Japón, Corea, Vietnam, Afganistán, Irak, etc.! Pero preguntémonos de una vez: ¿qué es la demokracia? Pero digámoslo irónicamente: ¡la demokracia es un OVNI! La demokracia es un objeto no identificado, un objeto secreto, un objeto abstraído y alienado. ¿No es suficiente? ¿No la hemos definido acertada y "verdaderamente"? (Pensemos por un momento en lo verdadero de Nietzsche y en lo "verdadero" de Heidegger.)
La demokracia no es lo que vivimos, ni la injusticia que sufrimos, ni el idealismo de la "constitución" que leemos. La demokracia ha sido distorcionada, ha sido (o nos ha sido) robada. Esto es así, este es nuestro axioma, porque la realidad, ese antimito de la razón delirante, no la contiene. Esa demokracia que vemos está oligarquizada. Ella no es otra cosa que el ejercicio del poder (los jueces, los fiscales, los abogados, la policía) para sí mismo. Ella es la enajenación de los "hombres libres", de los hombres solos y de los hombres abandonados. La constitución es el "texto" incierto de una praxis que no existe. La demokracia se ha convertido en la democracia que nos falta. Ella se ha convertido en nuestra
literatura fantástica (en nuestros "comics"). Ella nos ha convertido en el fantasma que no quisimos ser en las dictaduras de antaño. Pero, ¿por qué los hombres-"libres" no habíamos dicho, denunciado o declarado esta mentira de la demokracia instituida? No lo habíamos dicho, porque ella, la misma demokracia-esfinge, idolatrada, cosificada, se había convertido en nuestra propia "verdad". Era la carne de nuestra carne; era el tuétano de nuestro espíritu. Nosotros callábamos, porque nos habíamos convertido en esa mentira que la demokracia trafica como "verdad".
La demokracia ha gastado billones de dólares (en propaganda y en psiquiatras) para que la "verdad"-de-su-
mentira (la mentira de su verdad) no se derrumbe sobre la cabeza de los "hombres libres". Nosotros podemos decir esto, porque, como Nietzsche, somos un acercamiento radical y un acercamiento furioso a la verdad. A otra verdad, a otra posibilidad de ser, a la verdad de ser antidemokráticamente. Nosotros que hemos vivido ésto, que hemos visto ésto, que lo estamos oyendo y que lo estamos escribiendo, nos estamos arriesgando a ser otra cosa. Nos estamos arriesgando a ser nosotros mismos; a ser lo diferente y a ser la diferencia, lo nuevo, lo antinihilista. Pero, ¿por qué no se había hablado antes? ¿Por qué no lo habíamos escrito antes? Porque la demokracia genera el temor. La demokracia es la cultura del miedo (personal). La demokracia es cotidianamente fraticida, infanticida, matricida. ¡Tenemos miedo! La cultura del miedo nos ha consumido. Somos, pues, la fobia a la mentira de esa demokracia que fingimos y con la cual no sabemos qué hacer. No sabemos dónde escondernos. La soledad (el exilio, la cárcel, el manicomio--la muerte misma--) nos ha resultado demasiado pequeña. Somos la enajenación y no sabemos regresar a nosotros mismos. No sabemos regresar a casa. Porque cuando lo hacemos, cuando lo intentamos, la irrealidad que nos circunda se torna tan espantosa como "es". ¡Estamos enajenados! ¡Estamos prohibidos! ¡Estamos tachados!
¿Cómo no escribir, entonces, sobre ésto? ¿Cómo no devolver, entonces, esta violencia? Nos ha tocado, para escándalo nuestro, para escándalo de ustedes, enfrentar la libertá a la demokracia; enfrentar el ser al no ser; enfrentar la "verdad" a la
mentira. ¿Cómo no escribir todavía sobre ésto? Porque estamos olvidados en esa legión de los burócratas que realizan la censura. La demokracia, lo que no existe, la que "no vendrá" ni de Europa ni del yanquismo se ha olvidado de los hombres que podrían existir.
Los hombres de lo falso (de la mentira--de la "verdad"--) han tomado el poder demokráticamente. Los hombres falsos, irreales, se han apropiado del poder, porque la demokracia es y se ha convertido, en el proceso de "nuestra" mentira. La demokracia ha convertido al ser en la más espantosa de las falacias. Los "hombres libres" votamos en ella; "somos" la nada de ella. La demokracia se ha convertido en nuestra arena movediza. ¿Desapareceremos? ¡Todos los días! El desempleo que la demokracia ha inventado nos torna invisibles. Nadie ha sufrido la cuasi invisibilidad, el
claroscuro (el "part-time") como yo. La angustia de esa situación ha sido incompleta. Pero la poesía me ha salvado de lo incompleto. La poesía me ha salvado de lo mediocre de la demokracia. La medianía es horrible. También sé que la demokracia ha repartido los olvidos y ha repartido la maldad de los hombres "buenos" y de las mujeres "dignas". La demokracia ha repartido la esencia de su envidia. Pero los canallas no saben que son canallas. Robotizados realizan el poder contra la diferencia, contra lo raro,  lo extraño. Todo lo que esté fuera de su vulgaridad está descalificado. La poesía, como la filosofía (de salón) se ha tornado perniciosa. Porque el hombre demokrático no sabe que es un hombre consumido. El hombre demokrático no sabe que es la nada.
La demokracia es, o se ha convertido para la dicha de la Iglesia, en la "muerte de Dios".


©Yv
án Silén
27 de mayo del 2006
Nueva York

*Publico este aforismo por estos medios, porque s
é que ninguna de las revistas de Internet, y ninguno de los periódicos latinoamericanos que conozco, publicarán esta "verdad" de lo inédito que acontece.

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