INTENCIÓN, RESPONSABILIDAD Y LIBERTAD

Por escaner-cultural - 23 de Mayo, 2006, 14:35, Categoría: General

Oswaldo ROSES

Todo transcurre -todo es consecuente al transcurrir- respondiendo a su
contexto y siendo asimismo resultado de las circunstancias de ése contexto
en concreto (los leucocitos con respecto a un organismo, con respecto a
uno): es un algoritmo de él. Sin embargo, en lo humano se ha concertado o
seha ideado -mejor- lo social, algo que sin lugar a dudas ha favorecido el
lenguaje de signos o, en fin, una mayor capacidad para conocer y también
para exhibir las emociones porque trasciendan en un proyecto existencial.

Conque en disertación el ser humano progresa con voluntad, intensifica
siempre aún más las intenciones. Veamos, nunca una esperanza basta, le es
suficiente; nunca una comodidad basta, le es suficiente; nunca una libertad
con respecto a cualquier vinculación social basta, le es suficiente. Así,
laintención le conduce -mientras progresa- a que no sea autosuficiente o
determinante la mera respuesta a su contexto, a que no sea suficiente lo
natural, los elementos reales presentes en su entorno, la naturaleza;
quiero decir, responde a lo que desea aún más, en idealización, por lo que
contraviene en realidad a cualquier clase de algoritmo y, además, compite
con los otros para que aún más aumente esa contraposición.

Sí, de manera que intesta una intención en otra, una esperanza en otra que
sobredimensionará y, desde ahí, a la libertad que se dirige emocionalmente
-por ejemplo- no es a la libertad connatural que precedió a la complejidad
social, sino a una continua idealización de ella o. contraposición. O sea,
para el ser humano, la felicidad siempre será una osada y mórbida
"corrección idealizante" de la naturaleza.

Pero por otro lado está lo posible, lo coherente con respecto a la
realidad, lo más práctico, lo que sí puede conseguirse como justo o
"equilibrado". Me refiero a que los niveles de consecución idealizante de
la libertad o de la felicidad sean lo más comunes y lo menos
discriminatorios, sean a fin de cuentas reales.
Ningún ser humano puede pretender para la sociedad que la libertad sea en
la praxis para unos demasiado -por diferentes modos de explotación y de
marginalidad- y para otros desprecio o casi nada. Desde luego, la libertad
-o la felicidad- es digna si tú como ciudadano admites que practicas la más
común dentro de una sociedad, proporcional a cualquier otro ciudadano; si
no, si estás en ventaja o en desventaja, en coherencia conlleva eso una
responsabilidad: renunciándola o por el contrario exigiéndola. Puesto que
el ser humano individualmente satisface sus prejuicios y, como resultado,
daña.
Más claro, el resultado a las intenciones de cada cual por satisfacer sus
prejuicios o su "idealización desequilibrada" es daño e incluso la
complacencia de tal daño.
El que unos, por ejemplo, ejerzan la libertad de contaminar mucho siempre
resultará un daño injustificable u opresivo o "desequilibrado" para los que
no practican esa libertad. Por ello, digamos, el disfrute de una libertad
irresponsable destruye siempre, involuciona, interviene porque crezcan de
una manera totalmente objetiva los sufrimientos del otro.

Sí, en un mundo globalizado, interactivo, las acciones responsables deberán
satisfacer a una globalidad, a una generalidad, a un orden no
discriminatorio o de derroches; esto significa que una guerra la pagan todos
aunque unos iluminados la empiecen, ésa crea las carencias -de recursos
energéticos, institucionales o humanos- que los demás luego habrán de
reponer (es decir, si uno de los principales exportadores de petróleo -como
es Iraq- es parcialmente destruido los consumidores pagarán el petróleo
encarecidamente y después le echarán las culpas a Dios o embobadamente al
supuesto de que hay más consumidores).

Los recursos humanos o son preservados para lo estrictamente humano para
que exista más libertad -o felicidad- o el asunto social seguirá en
decadencia por manos de los que manipulan, y ahí los intelectuales
representan un papel primordial censurando a toda carrera a quienes aclaran
algo -ya que demuestran una y otra vez un juego sucio- y no les interesan.
Hablan, hablan de la verdad pero quitando o negándole al otro los
mecanismos -o las mismas reglas- para decirla: dogmatismo puro y duro, en
auge en España.
Un truco para justificarlo todo es buscarle su parte de enriquecimiento o
de
enajenación o de exaltación -de locura-; por ejemplo, el fútbol es un
negocio-espectáculo-violencia que utiliza lo que de deporte tenga -cuando
hay cientos de deportes discriminados frente a él y mejor atendiendo
centralmente a la salud física- para manejar él sólo más dinero y más
fanatismo -en vez de cultura- que los otros cientos de deportes. Y es que
toda crueldad hasta tiene su parte positiva para que se la encuentren
retorcidamente y la vendan los manipuladores.

He mantenido, claro, que ahora impera más dogmatismo que en la Edad Media
porque antes lo amparaban o lo comprendían menos instituciones de las que
actualmente se desencadenan en la ya evidente diversidad
económico-política.
También, a ver, si las jerarquías religiosas tanto se implican ahora en
detalles políticos, ¿qué dicen, en cambio, sobre la desigualdad -la que
ellos mismos consienten-?, ¿qué piensan que es Dios?, ¿acaso un negocio de
doble moral que tienen metido en la cabeza?

La esclavitud ha existido siempre, pero lo que no se puede venerar aún
socialmente es que siga uno esclavo -voluntariamente- de prejuicios que
corrompen y que se conciba la esclavitud como una manifestación fortuita al
margen de toda responsabilidad e inevitable por manos del destino -el que
le limpia el culo con reverencia a los poderosos-.

Oswaldo ROSES

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