31 de Diciembre, 2005

EL BATMAN DEL CÓMIC COMO REFERENTE DE SÍ MISMO

Por escaner-cultural - 31 de Diciembre, 2005, 14:20, Categoría: General

EL BATMAN DEL CÓMIC COMO REFERENTE DE SÍ MISMO
(O EL OTRO GEORGE BUSH)

Por Marcos Arcaya Pizarro

La locura megalómana de Batman, mientras en el mundo del lado de acá, a
primeras luces, lo dispondría de inmediato como un marginal, en su universo
no lo desprestigia ni un ápice, es más, es su desatada obsesión por acabar
con todo aquel que se escape de su norma moral, que se aleje del deber ser
productivo y obediente de la ley, la que otorga sentido donde él es
principio y centro desde el cual se edifica la realidad incuestionable: la
suya.

A Batman le duele el mundo, esto es, le duele que todos sean diferentes a
él, le duele no poder estar en todos lados vigilando a cada ciudadano de
Ciudad Gótica y más allá, pero en su irrestricta fe en sí mismo, por más
fantasma que le quite el sueño de vez en cuando, no baja las manos ante el
destino divino (maldito o bendito) que le ha tocado.

Bruce Wayne no existe sino gracias a Batman; el ámbito de lo público (el
escenario de Batman) como canal del odio de la intolerancia, permite
entonces la existencia de todo lo posible y lo imposible, incluyendo, claro
está, la existencia de su alter ego del plano privado, el asquerosamente
rico y poderoso Bruce Wayne.

La megalomanía propia de Batman y sus enemigos los hace, entonces, dignos de
ser personajes centrales; el primero, como encarnación del hombre hegemónico
y del sistema normativo naturalizado, siempre dispuesto a castigar sin
misericordia ni autocrítica; los segundos, los villanos, como fugas
perversas en los dispositivos de orden , pero motores al fin y al cabo del
accionar de Batman. De esta manera, el resto, todos aquellos que no sean
activos en una cara de la moneda del Bien y del Mal, no son otra cosa sino
sujetos instrumento de ese binarismo, refuerzos hasta la muerte de las
estructuras culturales que los someten en beneficio de una manga de
lunáticos.

Colectivo Lingua Quiltra

Permalink ~ Comentarios (49) ~ Comentar | Referencias (0)

CUANDO COMENZÓ LA LLUVIA

Por escaner-cultural - 31 de Diciembre, 2005, 14:20, Categoría: General

RELATO

por Emilio vilches


La flaca era una maniática sexual. Y ella lo sabía. Hace tiempo que su
cabeza funcionaba relacionando todo con sexo y fantaseaba con penes de todos
tamaños, formas y razas entrando por su vagina húmeda, con caderas
masculinas golpeando las suyas, con manos grandes de macho apretando sus
tetas, fuerte, muy fuerte. La flaca quería romper los esquemas.

La flaca era bastante guapa, piel blanca, pelo negro, unas tetas no muy
grandes pero buenas, una pequeña cintura y un trasero deseable. No tenía
problemas para conseguir hombres. El que le llamaba la atención lo
conseguía, era atractiva y ella lo sabía. La flaca quería derribarlo todo.

La flaca caminaba por las calles con indiferencia, no quería nada de lo que
veía en ellas. Ella quería sexo, ella quería que todo y todos se fueran a la
mierda. Sin embargo, y pese a su gran capacidad de conseguir hombres y su
deseo a flor de piel, la flaca jamás había sido penetrada. Era virgen por
voluntad propia. Si virgen se puede llamar a su condición. Tenía relaciones
lésbicas con su amiga la pequeña. Eran amigas desde niñas y desde hacía
algunos años se acostaban, se besaban, se amaban, se drogaban juntas.

La pequeña era aún más guapa que la flaca. Y más ardiente. Seducía,
insinuaba, besaba, pasaba su lengua por tu oreja, tomaba tu paquete de una
forma que justifica alguna posible eyaculación precoz. La pequeña tenía una
boca ardiente y una mirada fascinante, pero jamás permitió que un hombre la
llevara a la cama. Ella quería acabar con el planeta.

La flaca y la pequeña ocasionalmente veían hombres, pero con la diferencia
que la flaca se interesaba demasiado en ellos y la pequeña los manipulaba.
La pequeña jugaba con ellos, los ponía cachondos y luego los desechaba; le
gustaba ver su reacción. Ella amaba a la flaca. La flaca amaba a la pequeña,
pero sentía deseos de ser penetrada, de ser tomada por un hombre, de sentir
un falo dentro de su cuerpo. Por eso tenía deseos maniáticos de sexo. Sin
embargo ambas eran convencionalmente vírgenes. Ambas querían ver muerta a la
sociedad.

Las amigas se encontraban en la casa de la pequeña todas las tardes, cuando
los padres de ésta iban rumbo a sus puestos de trabajo. Estaban en cuarto
medio y querían vivir a full. Se juntaban en aquella casa, ponían el mismo
viejo disco de Iggy Pop & The Stooges, y comenzaba el ritual. El dealer ya
había entregado las estampillas y solo faltaba ponerlas bajo la lengua. Y
ellas lo sabían. Cuando esto ocurría, se quedaban como casi siempre en
silencio, se acercaban lentamente en la cama, se acariciaban las tetas, las
sentían ponerse duras, se daban un beso ardiente, besos húmedos. Sentían
lentamente como se humedecía su sexo, cómo el viaje las llevaba a espacios
sensuales infinitos, a espacios siempre nuevos. El ácido era su combustible.
El sexo, su recompensa. La pequeña tocaba las piernas de la flaca, subía su
jumper, se besaban siempre. Sacaban sus blusas, su ropa interior. Eran
realmente deseables, unos cuerpos aún en desarrollo, vírgenes, delicados.
Besaban sus tetas, las mordían, besaban sus vientres, sus caderas. La flaca
abría las piernas y la pequeña metía su lengua ahí. Jugaba con su clítoris,
metía sus dedos en la vagina, babeaba. Pasaba la mano por sus piernas,
apretaba su culo. Las amigas se amaban, el ácido las movía y la música de
Iggy Pop les daba una sexualidad explosiva. Tenían constantemente orgasmos
desgarradores, orgasmos comprometedores. Viajaban juntas, viajaban
paralelamente hacia el centro de sus cabezas, casi sentían como crujían sus
cerebros. No hablaban, pero sus cuerpos y sus vistas perdidas en galaxias
recónditas lo decían todo. Las amigas eran tal para cual.

La flaca, sin embargo, también quería un pene. No se conformaba con la
pequeña. Solo pensaba en penes dentro de sí. Pensaba en penes y en ácido, en
viajes nuevos. Iban a la disco juntas, tomaban algunas anfetas y salían a la
pista a bailar, a dejarse llevar, a excitar a los hombres, bailar para
ellos, mover lentamente su culo pegado a sus paquetes. Los besaban, los
manoseaban y los dejaban ahí con la lengua afuera. Calientes. Luego echaban
un trago, le ponían alguna pastilla y se iban a un rincón oscuro a besarse,
a lamerse, a tocarse. La música retumbaba en la disco, la vanguardia se
movía con la electrónica y las amigas se deseaban y se amaban. Las amigas
eran las dueñas del jodido mundo y de toda la mierda que gira con él.

Ora vez now I wanna be your dog, otra vez No fun. Otra vez la lengua de la
pequeña entre las piernas de la flaca, otra vez el ácido y las galaxias
paralelas, otra vez el deseo y la pasión. Pero la flaca era una maniática y
quería un pene dentro de su cuerpo. Ella tenía un piercing en un pezón y un
tatuaje extraño demasiado cerca de su bello púbico. La pequeña tenía un
piercing en la lengua y lo usaba en su beneficio en las horas y horas de
sexo oral que acumulaba con la flaca. Sus familias no tenían problemas
económicos y hace semanas que no pisaban el colegio. Lo suyo era el sexo y
las drogas. Lo suyo era viajar, pasarlo bien, jugar con los hombres,
reventarse los oídos con las guitarras y la suciedad de Iggy. Eran tal para
cual, pero la flaca deseaba un pene, un pene dentro de sí.

Las amigas se habían jurado no tener relaciones sexuales con hombres y esto
encendió aún más el deseo en la cabeza y la vagina de la flaca. La pequeña
era más chiflada y en más de alguna ocasión intentó cortar sus venas. Lo
hacía por llamar la atención. Y ella lo sabía. Se amaban, pero faltaba algo.
Las amigas eran las putas más extravagantes de la tierra.

Las amigas tenían unos orgasmos extrañísimos y tenían períodos de profunda
depresión. Desaparecían durante días o hasta semanas, pero luego volvían a
ser las mismas de siempre. Y peores. Fue en uno de esos períodos separadas,
uno especialmente largo en que ocurrió. Todo marchaba normal, en la radio
Real cool time, la estampilla bajo la lengua, el deseo a flor de piel. La
pequeña comenzó a desnudar a la flaca, recorrió sus piernas, besaba y mordía
su carne, bajaba su ropa interior, besaba sus tetas, apretaba, jadeaba,
sudaba. Pero esta vez la flaca no la seguía. Ella miraba una ventana,
perdida en algún lugar de su cabeza. Abrazaba y besaba, sí, pero era de una
forma diferente. Seguramente ni siquiera había notado a la pequeña en su
sexo, el cuerpo ardiente y perfecto de su amante, sus manos y su lengua, sus
maravillosas figuras. Ella estaba en otro sitio, ella estaba muy lejos de
aquella habitación. La pequeña descartó que se tratara de un simple viaje;
la conocía demasiado bien como para pensar en eso. Entonces lo notó. La
flaca había sido penetrada. Y lo supo no por la ausencia del himen, ya que
éste hace tiempo se habían encargado ellas mismas de pasarlo a mejor vida,
ni tampoco por el tamaño de la vagina: lo supo por la cara de la flaca, por
sus besos, por sus abrazos, por sus ojos. Los supo y no cabía la menor duda,
ella la había traicionado. Su cuerpo no mentía, su corazón no mentía. La
flaca había sido tomada por un hombre. Por primera vez en mucho tiempo la
flaca fingió un orgasmo. Y la pequeña lo sabía. Entonces la pequeña se
levantó de la cama y salió de la habitación ante la total indiferencia de la
flaca que seguía mirando la ventana, la ventana por la cual entraba una
tenue e inconstante luz. Se acercaba una tormenta, pero la pobre luz era
suficiente para desnudar las contradicciones y mostrar el cuerpo distinto de
la flaca, su cara distinta, su cabeza distinta. El aire era distinto. La
flaca lo sabía.

La pequeña volvió a entrar en la pieza, pero esta vez no venía sola. La
acompañaba la 22 automática de su padre. La flaca seguía indiferente, aún no
veía a la pequeña con el arma. Ella se acercó a la cama donde estaba la
flaca tendida desnuda boca arriba mirando la ventana, estaba bellísima,
grandiosa, pero ya nada importaba. Se acercó y tocó sus piernas, la flaca no
decía nada, ni siquiera miraba. La pequeña la acarició, besó su carne, sus
muslos, besó su sexo. Entonces puso el cañón de la pistola dentro de su
vagina, lo puso completo. La flaca dio un gemido de placer verdadero, muy
distinto al que había dado minutos antes con el cuerpo de su amiga. La
pequeña la amaba más que nunca. La pequeña comenzó a mover el cañón dentro
de su vagina, lo introducía y lo quitaba, simulaba una penetración. La flaca
nuevamente gemía, gemía de placer. Incluso su cara tomaba color, comenzó a
moverse. El cañón entraba más y se movía mejor, la flaca jadeaba, movía sus
caderas. De pronto la flaca abrió los ojos, levanto un poco su precioso
cuerpo y miró por fin a la pequeña. La pequeña reconoció esa mirada, supo
que ya todo había cambiado, que la flaca no sería la misma. Lo supo por esa
miraba. La amaba, pero esos ojos en los cuales tantas veces se había
reflejado no mentían esta vez. La flaca se había ido. Entonces la pequeña,
sin quitar la pistola de dentro de la vagina, apretó el gatillo. Dos veces.
La flaca aún miró unos segundos más a la pequeña antes de desprender un hilo
de sangre por la nariz y caer tendida sobre la misma cama de siempre.

Cuando comenzó la lluvia todavía sonaba Iggy Pop en la radio, pero esta vez
faltaba algo muy importante. Y la pequeña lo sabía.



***
Emilio Vilches tiene 21 años, actualmente estudia los semestres finales de
Pedagogía en Educación en Castellano en la Universidad de Santiago de Chile.
Escribe cuentos desde hace unos años y ha publicado en revistas pequeñas. Es
amigo del Colectivo Lingua Quiltra y este relato constituye su primer
aporte.

***
categoría: colaborador externo al Colectivo Lingua Quiltra.
linguaquiltra@yahoo.es


Colectivo Lingua Quiltra

Permalink ~ Comentarios (50) ~ Comentar | Referencias (0)

Se remata lindo país

Por escaner-cultural - 31 de Diciembre, 2005, 14:06, Categoría: General

Pedro Lemebel
 
Demasiado barato quiere comprar este paisito, don Piñi; usted que va por la vida tasando y preguntando cuánto vale todo. Y de un guaracazo se compra medio Chiloé, con botes y palafitos incluidos. Con cerros, bosques y ríos, hasta que se pierde la mirada en la distancia, le pertenece a usted.
 
¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de tanto tener.   Me causa asombro que, más encima, quiera dirigirnos la vida desde La Moneda.
 
Muy barata quiere rematar esta patria, don Piñi, y sólo con un discurso liviano de boy scout buena onda. Pura buena onda ofrece usted, don Piñi boy, como si estuviera conquistando al populacho con maní y papas fritas. Nada más, el resto pura plata; empachado de money, quiere pasar a la posteridad sólo por eso. Porque cuando cita mal a Neruda se nota que a usted le dio sólo para los números y no para la letra.
 
Es decir, usted es puro número y cálculo, señor Piñi, poca reflexión,
 
Poco verbo, poca idea, aunque esa es la única palabra que usa entre sus contadas palabras efectistas. Buena onda y futurismo. Las heridas se parchan con dólares. La memoria queda atrás como una tétrica película que olvidar.
 
Sin vacilar marchar, que el futuro es nuestro (parece himno de la juventud nazi). Así arenga usted a este pueblo embelesado con los adelantos urbanos hechos por la Concertación. Nadie sabe para quién trabaja, y usted la encontró lista.
 
O sea, usted se pasa de listo, don Piñi. Quiere hacernos creer que siempre fue demócrata, pero lo recordamos clarito sobándole el lomo a la dictadura, haciéndole campaña a Büchi, amigote de la misma patota facha que le anima la campaña. Los peores, la gorilada del terror. Parece que este suelo nunca aprendió la lección, ni siquiera a golpes, y con facilidad se traga el sermón de la derecha pinochetista, ahora remasterizada con piel de oveja neoliberal. Pero son los mismos de entonces, soberbiamente gozando los privilegios de la democracia que conseguimos nosotros, y sólo nosotros, porque también yo dudo que en el plebiscito votara que no simpatizando por la derecha. Mire usted qué fácil le resultaba tratar de transformar el Mapocho en un Sena con sauces. Puro arribismo, intentar domesticar con terracitas y botecitos parisinos a nuestro roto Mapocho, quizás lo único rebelde que le va quedando a esta ciudad. Qué delirio, míster Piñi, ¿por qué no se va a Europa si cacha que nunca va a poder blanquear la porfiada cochambre india de nuestra raza? Quizás todo el país se acuerda de usted formando parte de la nata panzona del derechismo empresarial. Por entonces, en aquella época de terror, quien hacía fortuna de alguna manera era a costa de las garantías de la represión. Usted llenaba sus arcas, don Piñi, y nosotros sudábamos la gota gorda, o la gota de sangre. Fíjese que no se nos ha olvidado, y nunca se nos olvidará, aunque a usted le reviente que el pasado aflore cuando menos se lo espera. A usted ni a sus yuntas de pacto les conviene el pasado, por eso miran turnios y amnésicos al futuro.
 
Su discurso Disneyworld, míster Piñi, no resiste análisis, y sólo el arribismo miamista de algunos chilenos le compra su receta de vida fácil, su filosofía banal de texano paticorto. Usted me recuerda a Bush, a Menem, Piñito. Es la nueva derecha titiritesca y farandulona. Puro show, pura foto tecnicolor de mundo feliz con sus sombreros republicanos en el Crown Plaza. Pero le falta la cultura a su centroderecha inmediatista. No hay peso intelectual en su carnavaleo de propaganda. Nada más que modelos tetudas y parientes de hippysmo revenido. Demasiado barato quiere rematar este país, Piñito. Ni siquiera basta con su cátedra fantasma en las aulas de Harvard. Tampoco, usar de propaganda la limosna que puso por mi amiga Gladys en sus últimos momentos; eso es muy feo, y de mal gusto. Sobre todo para usted que es tan humanista cristiano. Porque usted es pillo, Piñín. Quiere sacar adherentes de todos lados, como si este país fuera sombrero de mago. Lástima que la oferta de su vanidosa feria de variedades huele a ventaja populista. Nada más, don Piñi; el resto, esperar con cueva lo que ocurra en el transpirado enero.
 
 

Pedro Lemebel

diciembre de 2.005

Permalink ~ Comentarios (39) ~ Comentar | Referencias (0)

El Blog

Calendario

<<   Diciembre 2005  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Categorías

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog